La jungla de sobretasas municipales y autonómicas no está por transformarse en un jardín inglés, pero hay alguien que, armado con unas tijeras, ha decidido dedicarse a la poda. Al menos estas son las intenciones del Parlamento, que trabaja en la simplificación fiscal. Dentro de un año, será posible comprender si el jardinero fue lo suficientemente persistente como para ordenar el área.
El principal objetivo es homogeneizar, en cualquier latitud, las tasas y deducciones previstas por las regiones y entes locales, que hasta ahora han disfrutado de autonomía. Pero no solo. También se pretende hacer olvidar el mecanismo de la doble imposición, limitando al máximo su uso, y dejar claro al contribuyente qué impuesto está pagando ya quién. Se trata, en definitiva, de la revisión de las sobretasas, introducida por el artículo 7 del texto de la delegación fiscal.
Los tiempos no parecen ser bíblicos. El visto bueno de la Cámara debería llegar a mediados de febrero y, según el último examen de la Comisión de Hacienda de Montecitorio, no debería haber sorpresas ni más cambios a los realizados en segunda lectura en el Senado. Luego habrá un año para dictar los cuatro decretos delegados que deberán transformar las disposiciones del texto en normas específicas. En todo caso, el primero de estos cuatro decretos deberá ver la luz en un plazo máximo de cuatro meses desde la entrada en vigor de la delegación fiscal, según los plazos fijados por el artículo 1 del texto.
