La guerra 5G se está volviendo cada vez más amarga. El gigante chino es ahora boicoteado abiertamente por los países europeos, que bajo el pretexto de la seguridad nacional dificultan la compra por parte de sus operadores de material chino para la red ultrarrápida, esa que está posibilitando la economía del Internet de las cosas, con todo las implicaciones industriales, estratégicas e incluso de ciberseguridad del caso. El último caso es el de Suecia, que también es parte en la disputa ya que allí tiene su sede Ericsson, uno de los dos jugadores europeos (junto con Nokia) que está cerrando la brecha con Huawei y que -con el apoyo de UU.- quisiera convertirse en una de las principales alternativas a la tecnología china. Estocolmo ha anunciado que cierra oficialmente sus puertas a Huawei: no más compras y todos los equipos ya instalados en suelo sueco deberán ser desmantelados para 2025.
Una posición clara, que sigue a la del Reino Unido, pero esta vez viene una reacción de Pekín. Zhao Lijian, portavoz de la diplomacia china, ya ha amenazado a Suecia con sanciones: en el visor hay sobre todo Ikea, uno de los grupos escandinavos más conocidos y arraigados en el mercado global, que cuenta con 35 tiendas solo en China. También está en riesgo la propia Ericsson, que trabaja allí en Asia y cómo y que ahora a su vez se vería obstaculizada en todos los sentidos. Y mientras tanto también monta el caso de francia, donde el juego del 5G es doblemente complicado: por el movimiento No-5G (que entre otras cosas ha apoyado y llevado a muchos alcaldes verdes a la victoria en las últimas elecciones administrativas, incluso en ciudades importantes), las primeras licitaciones de la red, y obviamente, Huawei no es el cliente más bienvenido.
Incluso en Italia, la posición del gobierno ahora es clara y se está alineando con la euroatlántica: comprar toda la infraestructura de Huawei se considera riesgoso para la seguridad nacional y el último movimiento del ejecutivo fue ejercer la protección preventiva proporcionada por el poder dorado (en defensa de activos considerados estratégicos para el país, como la red de telecomunicaciones móviles) en la red 5G de Fastweb. De hecho, el TLC está controlado por Swisscom, y habría surgido que Huawei podría filtrar algunos datos confidenciales. De momento solo sería un veto preventivo y temporal, aunque sea la primera vez que el Gobierno lo utiliza abiertamente: ahora le toca a la empresa que dirige Alberto Calcagno ofrecer una respuesta que convenza o no al Estado de dar luz verde.
Esta noticia llegó unas horas después de otra, que también da un panorama de la situación: Tim anunciado la firma de un contrato de dos años por valor de más de 70 millones con cinco proveedores, no casualmente todos italianos, para adquirir la fibra con la que sustituirá al cobre para modernizar su red de acceso denominada Fibercop. La operación atañe a la fibra y no al 5G pero es importante porque llega en un momento de dificultad para las empresas de telecomunicaciones italianas: justo ayer uno estudio mediobanca reveló una caída en los ingresos, en parte atribuible al Covid en 2020, pero ya en 2019 los ingresos de telefonía en Italia habían caído por debajo de los 30 mil millones, lo que hizo que nuestro país se deslizara a la quinta posición, por detrás de España.
