Los selfies valen mil millones de euros en bolsa. La cifra también parece baja, si se compara con la difusión mundial de la obsesión del disparador automático por publicarse en las redes sociales, pero se trata de una sola empresa, la china Meitu, propietaria de una quincena de aplicaciones especializadas en retocar selfies y en Hong Kong. Bolsa de Valores vale 12,5 millones de dólares locales. En total, a través de las aplicaciones de su galaxia, Cada mes se retocan hasta 6 mil millones de selfies en todo el mundo. Especialmente en China y Asia, donde el fenómeno de hacerse fotos ha ganado aún más terreno que en otros lugares: "La tendencia se está desacelerando pero sigue siendo muy alta -explica el experto Bertrand Salord de App Annie, una firma de consultoría y estadística- . En Europa y EEUU está menos extendida que en Asia, pero ojo con Latinoamérica e India”.
El egocentrismo produce negocios de oro, por lo tanto, pero no para todos. Por ejemplo, parece que el mercado de los selfie sticks, es decir, aquellas herramientas que, conectadas a un smartphone, permiten "estirar" los brazos humanos y tomar selfies panorámicas o grupales, estaría al final de la línea. El estudio Persistence Research predijo el año pasado que la facturación alcanzaría los 6,4 millones de dólares en 2025, frente a los 1,9 millones de 2017. "Pero en realidad estamos muy lejos de esa tendencia", explica en cambio Melchior López, director general de Digit Access, una de las principales productores de este accesorio en Europa Occidental. Vendido a precios de ganga y, a menudo, por ocupantes ilegales en la calle, el selfie stick está pasando de moda: en algunos museos importantes está prohibido y, sobre todo, se ha comprobado que causa anualmente más muertes en todo el mundo que, por ejemplo, los ataques de tiburones, por pérdida de equilibrio al tomar la fotografía o por situaciones de peligro en las que se utilice.
La señal de que el negocio, aunque rentable, está llegando a su fin también llega desde Estados Unidos, donde la reina de las redes sociales Kim Kardashian lanzó un libro, titulado "Egoísta", compuesto exclusivamente por una larga galería de sus selfies. El libro fue un fracaso: solo vendió 32.000 copias, mucho menos de los "me gusta" que le valió una sola foto publicada en las redes sociales.
