Japón es el país de las geishas, uno de los símbolos, junto con los samuráis, los luchadores de sumo y el manga, al que se le confía la identidad nacional ante los ojos del resto del mundo. Sin embargo, las oportunidades laborales para las geishas, que han disminuido considerablemente en número, se reducen drásticamente debido al cierre de muchos lugares donde solían actuar. Esta es la razón por la que un grupo de geishas de Hachioji, un centro urbano incluido en la aglomeración metropolitana de Tokio, han decidido dejar su "mundo flotante" privado ('ukiyo' en japonés) y ofrecer sus refinadas dotes de entretenimiento. Así, por Tokio, se pueden ver geishas ataviadas con espléndidos kimonos bailando elegantemente al son del shamisen en algún evento de promoción turística, o incluso disfrazándose de populares personajes de 'anime' para animar a los clientes de un sushi bar o un karaoke. “El número de lugares donde tradicionalmente podemos trabajar está disminuyendo visiblemente”, dice Megumi, propietaria de una “casa de geishas” y presidenta de una asociación local de geishas, “es por eso que tenemos que buscar refugio y encontrar otros lugares para actuar”. El 'hanamachi' -o barrio de las geishas- de Hachioji fue célebre en su día, cuando la ciudad contaba con una próspera industria textil y muchos empresarios actuaban como mecenas de aquellas geishas que adornaban los exclusivos establecimientos donde, además de divertirse, la gente acudía a estipular lucrativas contratos comerciales. El declive de la industria textil tras la Segunda Guerra Mundial ha transformado profundamente el distrito y muchos de los restaurantes de lujo donde solían estar las geishas han sido demolidos para dar paso a edificios residenciales y aparcamientos. Antes de la guerra, las hanamachi tenían unas 200 geishas, en la década de 8 no más de XNUMX. Megumi, junto a otras geishas con una visión empresarial moderna, además de buscar nuevas oportunidades laborales, inició una intensa campaña de reclutamiento para reponer la número de geishas en tu comunidad. La apuesta ha dado sus frutos y las maiko, las aspirantes a geishas, se han más que duplicado. Todo con la desaprobación de las más viejas y conservadoras, según las cuales una geisha que se precie nunca debería ocuparse de reclutar a otra.
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