La primera edición tuvo lugar el pasado viernes 11 de julio de 2025, en el Centro de Congresos Palazzo Invernizzi de Milán. Cambios. Poblaciones en el mundo hoy y mañana., una nueva serie de encuentros dedicados a los principales temas demográficos contemporáneos. También fue la ocasión para presentar una importante publicación editada por Massimo Livi Bacci – uno de los demógrafos italianos más autorizados y promotor de neodemos – del título “Geodemografía 2024/2025”, donde se recogen 23 escritos “para comprender mejor el mundo” por estudiosos del tema.
Entre estos, merece especial mención el escrito de, por la cercanía de los temas abordados. Michael Bruni por titulo: "Unión Europea: Flujos migratorios internos y necesidades laborales estructurales".
Los dos componentes de la necesidad: demográfico y económico
en próximos treinta años Bruni escribe: «Los 27 países de la UE se caracterizarán por una escasez estructural de mano de obra que inevitablemente generará flujos migratorios proporcionales. La necesidad de trabajadores extranjeros puede estimarse como la suma de dos componentes: demográfico y económico.
El primero, explica el autor, se debe a la disminución de la población en edad de trabajar (PEL), y el segundo, al cambio en los niveles de empleo. Estos dos componentes pueden estimarse de forma aproximada:
- El primero (demográfico) como el número de personas necesarias para mantener sin cambios el nivel de la población en edad de trabajar (PEP) y, por tanto, la oferta de mano de obra, suponiendo que su tasa de actividad total sea al menos igual a la de la población nativa.
- El segundo (económico) como el número de personas necesarias para cubrir los empleos adicionales creados en el intervalo considerado, suponiendo que su tasa de actividad es del 80%.
Los flujos migratorios desencadenados por la escasez estructural de mano de obra – advierte Bruni – serán por tanto mayores que el número de puestos de trabajo que la mano de obra local no podrá cubrir, ya que es realista suponer que los migrantes estarán acompañados por un porcentaje de familiares del orden del 25-30%.
Estimación de la necesidad migratoria en Europa

La Tabla 1 Se presentan los resultados de las estimaciones para la UE, para los cinco Estados miembros más poblados (Alemania, Italia, Francia, España y Polonia) y para los otros 5 en conjunto. Durante los próximos 22 años, el PIB de la UE disminuirá en 30 millones, y en un escenario sin cambios, se espera que la necesidad económica sea de 63,5 millones. Esto resulta en una necesidad total de aproximadamente 117 millones de inmigrantes.
La necesidad total de los cinco grandes países equivale al 5% de la necesidad de la UE. Alemania lo que representa casi una cuarta parte (22,4%), España para el 14,5% y los otros tres para valores entre el 12,1% yItalia y el 10,9% de los Polonia, Y el Francia en una posición intermedia (11,6%).
Il papel de los dos componentes El componente demográfico y económico varía significativamente entre países. Mientras que a nivel de la UE, el componente demográfico representa el 54,1 % y el 58,2 % en los países pequeños, en los cinco países grandes su peso es mayor en Italia, donde alcanza el 81,1 %, y menor en Francia, donde representa tan solo el 30,6 %.
En Alemania y Polonia, ambos componentes tienen casi el mismo peso, mientras que en España los valores están en línea con la media europea.
Bruni señala que una peso predominante del componente demográfico, como en Italia, hace más compleja la solución del problema de la escasez estructural de puestos de trabajo, pues exige necesariamente un aumento de la fecundidad, algo no sólo extremadamente difícil de conseguir, sino cuyos primeros efectos en el mercado de trabajo podrían no sentirse hasta 20-25 años después, incluso suponiendo que esta perspectiva llegara a materializarse.
Flujos migratorios entre países de la UE y necesidad de trabajadores extracomunitarios: el caso italiano
Si bien la UE representa un formidable atractivo para los jóvenes de países con un exceso estructural de trabajo, también es evidente que la Los distintos países de la Unión pueden atraer Incluso jóvenes de países miembros con un exceso de oferta laboral relativo debido, como en Italia, a una demanda laboral insuficiente para ciertas profesiones o, en cualquier caso, a condiciones poco competitivas a nivel europeo. Estos flujos no modifican las necesidades de la Unión, pero alteran las de cada país.
I datos sobre altas y bajas utilizado por elIstat Para evaluar los flujos migratorios hacia y desde Italia, estiman una migración neta negativa de ciudadanos italianos para el decenio 2012-2021, con un promedio de 58.000 al año. Según la misma fuente, el 31 % de los jóvenes que han emigrado tienen un nivel educativo medio y el 23 % posee al menos una licenciatura.
Sin embargo, hay pruebas sólidas –afirma el autor– de que el número de italianos que se han expatriado en la última década ha sido mucho mayor, con un saldo migratorio anual negativo estimado en 72.000 personas aproximadamente para el periodo 2012-2020.
Aún más drásticas son las conclusiones a las que llegó un estudio reciente de Fundación NoresteAl cruzar los datos del ISTAT con los de las oficinas estadísticas de otros países de la UE, el estudio llega a la conclusión de que las expatriaciones de jóvenes de entre 20 y 34 años habrían sido tres veces los estimados por el ISTAT.
La información disponible no es suficiente para realizar proyecciones fiables de la migración neta hacia otros países de la UE durante los próximos treinta años. Sin embargo, según Bruni, justifica la hipótesis de una migración neta media anual negativa con el resto de la UE. 50.000 jóvenes, lo que llevaría a un aumento de nuestra necesidad demográfica de 1,5 millones en los próximos treinta años.
En esencia, en un contexto en el que todos los países de la UE se caracterizarán por una escasez estructural masiva de mano de obraSerá inevitable que los jóvenes de países donde los salarios y las condiciones laborales no son competitivos se sientan atraídos por países que ofrecen condiciones mucho mejores, lo que provocará un aumento de la escasez estructural de trabajadores no pertenecientes a la UE en sus países.
Parecería, pues, razonable –concluye el autor– que el gobierno italiano, antes de intentar ayudar a los países africanos de una manera completamente irrealista en su propio país, ayudar a Italia en casa con medidas encaminadas a aumentar la productividad y los salarios, hoy entre los más bajos de Europa, a fin de reducir nuestra necesidad de inmigrantes.
