Cuencos de cerámica blanca flotan sobre esta superficie azul.Generando sonidos melodiosos y encantadores, impulsados por una corriente de luz. Estas vibraciones acústicas, libres de cualquier intervención del intérprete, constituyen la esencia misma de la obra, una auténtica sinfonía del instante que evoluciona con un flujo de ondas invisibles. Esta obra forma parte de una tradición en la que el sonido se convierte en materia viva, liberado de las limitaciones de la música tal como la entendemos habitualmente, y en la que se invita al visitante a participar activamente en la experiencia. El título "clinamen" proviene de la física epicúrea y se refiere al movimiento aleatorio de los átomos, un concepto que resuena con la naturaleza inevitablemente mutable e impredecible de la obra. Cada momento de la vida de la instalación es único, ofreciendo una experiencia sensorial y temporal en constante renovación.
Nacida en 1961 en Niza, Céleste Boursier-Mougenot vive y trabaja en Sète.
Sus obras, expuestas durante los últimos treinta años en espacios de arte contemporáneo de Francia y el extranjero, deben considerarse principalmente las de un músico. Tras ser compositor de la compañía Side One—Posthume Théâtre del autor y director Pascal Rambert entre 1985 y 1994, Boursier-Mougenot comenzó a dar forma independiente a su música mediante la creación de instalaciones. Partiendo de diferentes situaciones y objetos, de los que extrae el potencial musical, desarrolla sistemas que extienden la noción de partitura musical a las configuraciones más heterodoxas de materiales y medios que utiliza para generar, habitualmente en directo, formas sonoras que describe como vivas. Creado en sintonía con las características arquitectónicas y ambientales del espacio expositivo, cada sistema proporciona el marco ideal para una experiencia auditiva que, ofrecida a los ojos y oídos del visitante, revela el proceso que genera la música.
Las vibraciones concéntricas en la superficie de esta expansión azul evocan el deseo de capturar el infinito en el espacio cerrado del lienzo, una aspiración compartida por Miró en su Trilogía Azul, por Mark Rothko en su capacidad para capturar el silencio a través de sus veladuras atmosféricas, y por Monet en la forma en que dio una sensación de infinito a un fragmento de estanque salpicado de nenúfares blancos. Pero la obra de Céleste Boursier-Mougenot no formaliza una intención pictórica preexistente. Es más bien la culminación de un proceso compositivo que, por sí solo, genera la forma. Somos conscientes del interés de Céleste Boursier-Mougenot por los materiales que reconfigura para liberar a los objetos de sus funciones habituales. Su enfoque está en línea con la estética de la diversión heredada del Dadaísmo y Fluxus, que ella ha revitalizado. También se inspira en el espíritu del "hazlo tú mismo" que impregna toda la escena musical neoyorquina, desde el punk hasta la música experimental. Desde los años cincuenta y ochenta en adelante, “Desafió el legado de la música post-serial, que estudió en la escuela”.
—Emma Lavigne, comisaria de la exposición, curadora jefe y directora general de la Colección Pinault
