El domingo pasado en Cernobbio se consumió un punto de inflexión histórico para el Movimiento Cinco Estrellas, que no está representada tanto por la participación de Luigi Di Maio en el Foro Ambrosetti, cuanto por sus declaraciones sobre la línea política y económica a seguir.
De hecho Di Maio ha declarado que su modelo es España, sí, precisamente la España de Rajoy. Y esto es realmente un cambio radical de línea, porque significa abrazar una de las políticas más rigurosas y europeístas de la Unión Europea.
Rajoy gobierna desde finales de 2011, y desde el principio ha llevado a cabo una profunda labor de recuperación que ha incluido profundos recortes en sanidad, educación, previsión social, inversiones, funcionarios (recorte del 7%), acompañados de un impuesto repentino aumentar para aumentar los ingresos (reducido recientemente, después de la emergencia). No es casualidad que los dos primeros años del gobierno de Rajoy estuvieran marcados por protestas extremadamente violentas, con la Calle Génova (sede del PP) perpetuamente invadida por manifestaciones y la policía.
Y las políticas de saneamiento y rigor no están acabadas. En el "Programa de Estabilidad" que España ha enviado a Bruselas, de 2017 a 2020, una continuación de las políticas de contención del gasto, en algunos casos cortes todavía profundos. El objetivo, tal y como recoge el documento, es "respetar los compromisos de reducción del déficit asumidos con Bruselas".
Sí, claro, es cierto que España superará este año el 3% de déficit (3,1%), pero tampoco es señal de un tira y afloja con
Bruselas ni el signo de una política expansiva, todo lo contrario. El 3% es una meta que ayuda a las políticas expansivas si se parte de un déficit del 2%, pero no si se parte de un 4 o un 5. Quizás Di Maio no sepa que cuando Rajoy asumió el cargo el déficit público en España era de casi el 10%. Solo a fuerza de rigor y rehabilitación se ha ido reduciendo progresivamente según un plan pactado precisamente con Bruselas -ajustado un poco en 2015 pero todavía muy exigente-. El objetivo del año pasado era del 4.6% (aunque Madrid entonces lo hizo mejor de lo requerido al cerrar en el 4.3%), y ha costado y hará más sacrificios para alcanzar el resto de objetivos: el 3.1% de este año y el 2,2% en 2018.
En definitiva, pasar de 4,3 a 3,1 y luego a 2,2 (reducir a la mitad el déficit en dos años) no significa ensanchar la bolsa, al contrario. Tampoco significa forzar la mano de Europa. Significa, por el contrario, casarse. la línea más ortodoxa de las políticas económicas europeas, y también la menos populista. Por otro lado, Rajoy es el antipopulista por excelencia: no se ha inmutado ante las miles de personas en la calle, ni ante los escándalos de corrupción que han envuelto a su propio partido, sino que ha continuado con su camino siguiendo y consensuando sus políticas económicas con Bruselas.
Qué avance extraordinario para el Movimiento Cinco Estrellas. Quién sabe si serán capaces de convencer también a sus amigos de Podemos…